lunes, 11 de octubre de 2010

UN FESTIVAL ISTMEÑO

Daniel Domínguez, Diario La Prensa

Hace 34 años, Henk Van Der Kolk era un arquitecto que deseaba darle un giro a su vida y lo dio. Este canadiense es uno de los fundadores del Festival de Cine de Toronto, considerado uno de los más relevantes del mundo junto a los de Cannes y Venecia.

A partir de noviembre se va a radicar en Panamá, en la comunidad de Santa Clara, en la casa de T. Rob Brown, un mecenas de las artes, quien está casado con Yolanda, la hija pintora de Kolk. Como quedó enamorado del istmo, quiere realizar aquí un festival de cine.

Quizás no le resulte difícil si con un puñado de colaboradores y mucho entusiasmo fundó en 1976 el Festival de Cine de Toronto. Considera que Panamá es el punto de Centroamérica ideal para este proyecto, ya que tiene una moneda estable, seguridad, una eficiente red de conexiones aéreas y se ha vuelto un sitio popular para ir a retirarse y señala que él es una prueba de ello.

Le agrada que Panamá, además, ofrece la opción de estar en una selva tropical en la mañana y estar de regreso en la noche para dormir en un hotel de cinco estrellas. Semejante variedad es otro impulso a desarrollar, pues en su opinión no sería complicado convencer a más productores de Hollywood a rodar en esta tierra.

Su festival istmeño tendría un fuerte componente iberoamericano, pues lamenta que un alto porcentaje de la cuota de pantalla en Panamá se la lleve el cine comercial de Hollywood.

La primera versión del festival será en abril de 2012. “Panamá tiene una infraestructura mejor de la que tenía Toronto cuando hace 34 años iniciamos el festival. Quizás no se logré la misma escala mundial, pero será lo más parecido posible”.

Está complacido que ha sido bien recibido por los ministros de Turismo, Salomón Shamah; Comercio e Industrias, Roberto Henríquez y la directora del Instituto Nacional del Cultura, María Eugenia Herrera.

Todavía no tiene idea de cuánta inversión se requerirá, pero ya comenzó a tocar puertas en Norteamérica.

No debe ser tan difícil si su equipo es capaz de conseguir los 7 millones de dólares que se necesita cada año para echar a andar el Festival de Cine de Toronto.

Al principio de la década de 1970, al canadiense promedio no le arrebataba tanto el séptimo arte. Todo cambió en 1976, cuando Henk Van Der Kolk y su socio Bill Marshall decidieron fundar el Festival de Cine de Toronto.

Al inicio, el apoyo brilló por su ausencia. Nadie creyó en el proyecto de dos locos ilusionados: ni los medios de comunicación ni el gobierno ni la sociedad civil.

Aprovecharon el hecho que Toronto es una ciudad fundamentalmente multicultural. “En eso se parece mucho a Panamá”, dice Henk Van Der Kolk, quien a partir de noviembre va residir en el istmo. El paso del tiempo y la perseverancia les han dado la razón, y de sobra.

Lo que comenzó como una retrospectiva de películas previamente presentadas en otros festivales, ha pasado a ser la principal vitrina de cine de Norteamérica, donde se lleva a cabo el estreno mundial, de por lo menos, 150 títulos.

El festival, además, incentivó el aumento de cursos y escuelas de cine en Toronto y ascendió el número de productoras canadienses.

Aunque Henk Van Der Kolk admite que la producción de cine 100% canadiense no es elevada (no dijo una cifra precisa), sí ha aumentado el deseo de las compañías de Hollywood de filmar en Canadá por los incentivos fiscales que les ofrecen.

VENTAJAS; En 1976 solo un periódico, uno modesto en tiraje y presencia, fue el que reprodujo en sus páginas la programación de la primera versión del festival. Este año asistieron al Festival de Cine de Toronto un promedio 4 mil 500 personas relacionadas con el negocio fílmico, de ellos mil fueron periodistas y críticos de las cuatro esquinas del globo terráqueo, sin contar los miles de turistas que van a Toronto con motivo de este evento anual, que arranca siempre el primer lunes de septiembre y se extiende por 10 días.

Henk Van Der Kolk, quien ha producido cinco largometrajes, calcula que el Festival de Cine de Toronto genera beneficios por unos 175 millones de dólares para Canadá.

Septiembre es el mes más lucrativo para los hoteles, restaurantes, bares y centros turísticos de esa ciudad, explica quien cumplirá 70 años en el Año Nuevo venidero.

Incluso cuando se han hecho encuestas internacionales sobre con qué asocian Canadá, anota que alrededor del 25% de los consultados lo identifican con el festival.

Este año inauguraron un edificio, valorado en 190 millones de dólares, y pronto cuatro hoteles se construyeron en esa zona atraídos con la idea de aprovechar el movimiento que trae consigo el festival.

EL ESPECTADOR; Estima Henk Van Der Kolk, que anualmente asisten a este festival unos 300 mil espectadores, una cantidad que asegura es superior a las que convocan los festivales de Cannes y Venecia, que tienden a ser más plataforma de negocios que lugar para que la audiencia vea el séptimo arte actual.

Esta enorme audiencia este 2010 disfrutó la proyección de 300 películas. Este festival es el evento de su especie más importante que hay en Norteamérica y en el planeta solo se le comparan Cannes y Venecia.

Por ende, es uno de los que más estrellas del firmamento de Hollywood atrae. Este año visitaron el festival actores como Keanu Reeves, Nicole Kidman, Woody Allen, Robert Redford, Javier Bardem, Megan Fox y Natalie Portman.

NEGOCIOS; Para cada versión reciben alrededor de 2 mil títulos y su equipo de programadores hace la selección final y se quedan con 300 ó 400 películas. Opina Henk Van Der Kolk que la dinámica y la mezcla de películas de diversas latitudes es prácticamente la misma que hacían el día cuando su aventura de celuloide comenzó.

No tienen en Toronto un edificio completo dedicado a vender y comprar producciones como sí hay en festivales como Berlín.

Si alguien quiere hacer algún tipo de transacción comercial debe ir a ver las cintas, por ejemplo, a las 14 salas del Scotiabank, un complejo de multicines donde después de las funciones comienza la puja por las películas más aplaudidas.

EL ESPECTADOR; A diferencia de los festivales de Cannes, Venecia o San Sebastián, la organización del Festival de Cine de Toronto no entrega ninguna distinción, ni cuenta con un jurado evaluador. A pesar de eso, las cintas que allí se proyectan son fuertes candidatas para ser nominadas y hasta ganar algún premio Oscar.

El único premio que se entrega en Toronto lo da el público asistente, una audiencia que algo debe saber, ya que en el 2009 otorgó su preferencia por Precious (Estados Unidos) y en 2008 a Slumdog Millionaire (Reino Unido).

Una ganó dos premios Oscar (actriz secundaria para Mo‘Nique y guión adaptado para Geoffrey Fletcher) y la segunda se quedó con ocho estatuillas doradas, incluyendo mejor película, director (Danny Boyle) y guión adaptado (Simon Beaufoy).

En septiembre pasado la triunfadora en Toronto fue un drama biográfico sobre el rey Jorge VI del Reino Unido: The King’s Speech, de Tom Hooper.